Barcos de guerra españoles, hundidos hace más de un siglo por la armada de Estados Unidos frente a un remoto paraje de la costa cubana, son hoy parte de un escenario natural fabuloso, en el este de Cuba, donde se mezclan el buceo y el alpinismo.
Una terraza montañosa frente al Mar Caribe sobre una larga franja de costa que corre cercana a la Sierra Maestra, la mayor cadena montañosa de Cuba, en el extremo este de la isla, ofrece los placeres turísticos de las profundidades y la altura. Cuba abrió hace más de un año a los turistas aficionados al buceo una excepcional atracción submarina cerca de la ciudad de Santiago de Cuba, en la costa sudeste del país.
Se trata de seis buques hundidos durante la batalla que en 1898 enfrentó a contingentes navales de España y Estados Unidos durante la guerra conocida como Hispano-cubano-americana, cuyos resultados catastróficos para España abrieron paso a la independencia de Cuba.
La historia es otro imán del proyecto para los buceadores deciden sumergirse en aguas en las que yacen varios pecios, entre estos los acorazados “Vizcaya”, “Almirante Oquendo” y “Cristóbal Colón”.
También pueden visitarse los restos de los destructores “Furor” y “Plutón” de la Armada española, así como el vapor estadounidense “Merrimac”, hundido a propósito para cerrar el paso a la flota española en la boca de la bahía santiaguera, 970 kilómetros al sudeste de La Habana.
Los barcos llevan sumergidos -algunos sobresalen sobre la superficie en un mar de muy bajo fondo- más de 110 años.

Por Francisco Forteza.